Tejido

Tejido



Precio : u$s 35.00

En sánscrito la palabra Tantra significa red, tejido o urdimbre. De acuerdo con la tradición tántrica, el universo está sostenido por esa red, en la cual el todo y las partes están interconectados en un movimiento continuo. Cada uno de nosotros es un nodo de este tejido, cada acción tiene una repercusión y provoca que toda la red se mueva.
La obra TEJIDO parte de este principio de unidad y correspondencia. Cada integrante de la red, tiene una fortaleza interior que sostiene el tejido completo. La diversidad comparte este principio común, que nos permite reconocernos a pesar de las distancias geográficas, las diferencias de circunstancias y contextos. Cada ser que forma parte de las comunidades que tejen esta red ha sido invitado a bordar en conexión con su fortaleza interior, en un trabajo de presencia consciente, de identificación y valoración de su propio poder y del poder colectivo.
TEJIDO es consecuencia del proceso iniciado en la obra Palimpsesto. Se llama palimpsesto (del griego antiguo, que significa «grabado nuevamente”) al manuscrito que todavía conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie, pero borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe.
A partir de la realización de los talleres con madres, abuelas, niñas y niños tanto de un sector de La Merced como de la Parroquia de Cotogchoa, se despliega TEJIDO. La preparación de estos encuentros, me permitió reflexionar otra vez sobre las motivaciones que han sostenido a lo largo de los años, las reuniones semanales, en mi estudio, con mujeres en la ciudad de Quito. Además me permitió imaginar la construcción de una red mayor, más abarcadora.
Siete comunidades han intervenido en la creación de este tejido. Cada persona participante ha bordado siete retazos de tela. Siete es el número de la totalidad; en este caso una urdimbre formada por hebras de muy variadas procedencias: madres y abuelas de la parroquia de Cotogchoa; niñas y niños de la misma parroquia; Hermanas del Monasterio de Santa Clara y Religiosas del Monasterio de Concepcionistas Franciscanas de Quito; ‘mujeres de aquí’, ese amplio entorno llamado América Litina: de Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil y Cuba; mujeres también de sectores urbanos de España, Suiza, Austria, Francia, Canadá, Italia, China y Estados Unidos; hombres que viven en mi ciudad, Quito; y por último, una comunidad a la que yo he querido rendir un homenaje: las ciento cincuenta mujeres amazónicas que caminaron en octubre del 2013 desde sus territorios, en una marcha para defender la naturaleza y la vida.
Pilar Flores

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